He vivido en la ciudad de Bucaramanga durante gran parte de mi vida. Desde que era una niña, adoraba verla llena de árboles y espacios verdes, limpia y llena de vida; una ciudad en la que aún podía disfrutar de la naturaleza a pesar de la creciente urbanización. Pero, mientras yo crecía, la ciudad también lo hacía… y, con ella, las industrias.
Aún recuerdo cuando mi madre me enviaba a la tienda de la esquina a comprar leche. Yo regresaba a casa haciendo mi mayor esfuerzo por no dejar caer las botellas de vidrio en las que venía almacenada, pues, después de usarlas, debía devolverlas vacías a la tienda para que pudieran ser reutilizadas. Por eso, quedé inmensamente sorprendida cuando, un día, el señor de la tienda dejó de entregarme botellas de vidrio y comenzó a ofrecerme la leche en bolsas. Bolsas plásticas.
A partir de entonces, casi sin darme cuenta, mi vida comenzó a rodearse de plástico. En todo momento y en cualquier lugar encontraba algún objeto o empaque elaborado con este material. Mis amadas zonas verdes comenzaron a reducirse y, en las calles, era cada vez más común encontrar bolsas plásticas esparcidas por el suelo.
No pude evitar preguntarme: ¿cuándo desaparecerán?
Según la organización sin ánimo de lucro Ecoembes, dependiendo el tipo de plástico y las condiciones ambientales, este puede degradarse en un periodo entre cien y mil años. ¿Cómo era esto posible? ¿Significaba entonces que no volvería a ver mi ciudad limpia? ¿Significaba entonces que las calles estarían siempre cubiertas de pequeñas bolsas plásticas, condenadas a permanecer en el mundo mucho más tiempo que cualquiera de nosotros?
Muchas veces las dudas te apartan de tus objetivos
A pesar de la importancia que el medioambiente tenía para mí, durante mi juventud decidí dedicarme a los idiomas… Lo sé, son campos bastante diferentes entre sí. Aunque el problema de los empaques plásticos era cada vez más evidente, terminé dejándome llevar por la falta de acción que veía a mi alrededor: parecía que nadie prestaba la suficiente atención a los problemas medioambientales. Entonces, si nadie hacía nada, ¿por qué habría de hacerlo yo?
Mantuve ese pensamiento durante varios años, tiempo en el que continué con mi vida y formé una familia… Pero algo no estaba bien.
Por más que intentara evitar el tema o simplemente ignorarlo, el plástico siempre terminaba apareciendo a mi alrededor. Veía empaques por todas partes y basura abandonada en las calles. Cada vez que lo hacía, sentía una profunda tristeza. No podía evitar pensar en aquella ciudad verde y limpia que tanto había amado durante mi infancia y en cómo, poco a poco, parecía estar desapareciendo ante mis ojos.
La bolsa que me llamó a la aventura
Cansada de seguir evitando el tema, y ya como una mujer adulta motivada por el deseo de crear mi propio negocio, decidí regresar a la universidad. En 2009 retomé mis estudios en la Corporación Universitaria de Ciencia y Desarrollo – UNICIENCIA en Bucaramanga, pero esta vez con una diferencia importante: ahora sí quería, ya como administradora de empresas, encontrar una forma de vincular mis estudios con mi preocupación por el medioambiente.
Entonces surgió una idea: ¿y si creaba una empresa que reciclara bolsas plásticas?
Sin embargo, no tardaron en aparecer las dudas. Los empaques de alimentos, productos de limpieza y muchos otros artículos eran diferentes entre sí. ¿Cómo podía encontrar una solución para reciclarlos todos, sin importar sus diferencias? ¿Era realmente posible convertir ese problema de contaminación en algo útil?
La respuesta llegó en un día lluvioso.
Después de una larga y agotadora jornada en la universidad, esperaba el bus para regresar a casa. Llevaba una sombrilla dañada que apenas conseguía protegerme de la lluvia. Mientras esperaba, vi una bolsa de leche tirada en el suelo y algo llamó mi atención: no se estaba mojando. Era impermeable.

Fuente: internet.
Entonces pensé en algo muy sencillo: el plástico es impermeable. Y casi de inmediato surgió otra idea: “Si mi sombrilla estuviera hecha de bolsas plásticas, no me estaría mojando”.
La idea de fabricar una sombrilla a partir de plástico parecía excelente, pero llevarla a la realidad era bastante complicado. Así que me pregunté: ¿podría crear algo más simple, pero igual de útil?
Fue entonces cuando pensé en el enorme consumo de bolsas plásticas en los supermercados. ¿Qué pasaría si pudiera transformar muchas bolsas pequeñas en una sola bolsa grande y resistente?
Además de reutilizar el plástico, podría crear una bolsa resistente e impermeable, capaz de soportar grandes mercados sin el temor de que se dañara con la lluvia. Gracias a esta idea, ahora no solo veía al enemigo de las zonas verdes de mi ciudad como un problema, sino también como una oportunidad.
Para elaborar una gran idea, primero es necesario entender lo más pequeño
Existen muchos tipos de plásticos, usados para la producción de envases según las características del producto que desean contener. Aunque todos son polímeros (muchas moléculas unidas entre sí, formando largas cadenas), hay tipos de plásticos usados para, por ejemplo, hacer gruesas botellas y envases de champú, y otros usados para contener alimentos como los granos y la leche.
Decidí enfocarme en las bolsas que contenían alimentos de diversos tipos, investigando un poco sobre el por qué era impermeable y si, la unión de varias de ellas, podía resultar en una bolsa muy resistente.
Entendí que, están hechas de un tipo de plástico llamado Polietileno (PE), el cual es bastante flexible y resistente gracias a su estructura química; la cual consiste en la unión de muchas y pequeñas moléculas llamadas etileno. Por eso el nombre Polietileno, son muchos (poli) etilenos.

Fuente: Universitat de Barcelona.
Según información brindada por LINSEIS (empresa alemana que investiga las propiedades de los materiales) y MPACK Poland (empresa familiar polaca líder en la fabricación de envases plásticos), el Polietileno está constituido por muchas de las cadenas mostradas en la imagen, lo que lo vuelve resistente a golpes debido a que las estas encajan entre sí… Aunque no de manera perfecta. La presencia de algunas ramificaciones en la estructura (los círculos pequeños que rodean a cada círculo grande), hace que las cadenas no estén rígidamente unidas entre sí, lo que le brinda también a este plástico su flexibilidad.
Además, esta densa unión entre las cadenas y el hecho de que son hidrofóbicas (no les gusta el agua), les da a las bolsas hechas con Polietileno una capacidad increíble: ¡son impermeables!
A pesar de ser una buena idea, no es tan fácil llevarla a cabo
Entendiendo las características y propiedades químicas de las bolsas plásticas, me sentía lista para tomar una gran decisión: fabricar una bolsa grande y resistente a partir de pequeñas bolsas plásticas. Era momento de pasar de la idea a la acción. Sin embargo, surgió una pregunta fundamental: ¿cómo podía fabricar una bolsa de este tipo?
Fue entonces cuando aparecieron mis hermanos y mi mamá. Juntos, en el municipio de Floridablanca, Santander, comenzamos a diseñar la bolsa y, poco a poco, desarrollamos un proceso para hacerla realidad.
El procedimiento era sencillo, aunque requería tiempo y dedicación. Primero, cada empaque plástico debía lavarse cuidadosamente con agua y jabón para eliminar cualquier residuo. Después, se dejaba secar bajo la luz del sol. Una vez limpios y secos, utilizábamos una bolsa grande y resistente (como las utilizadas para empacar 10 kg de arroz) como base. Con una aguja e hilo, aprovechando la suavidad y flexibilidad de las bolsas, las cosíamos alrededor del empaque grande. Usábamos bolsas de diferentes tamaños, hasta lograr darle la forma y resistencia deseadas al producto final.

Fuente: brindada directamente por Madelen.
Siguiendo este proceso, ¡una sola bolsa podía reutilizar entre 30 y 80 empaques plásticos!
Comencé entonces a buscar bolsas por todas partes. Estaba tan comprometida con la idea que, en una ocasión, ¡incluso llegué a meterme en una caneca de basura buscando empaques que todavía pudieran ser aprovechados!
Pero fue precisamente allí donde comenzaron a aparecer los primeros obstáculos.
Las personas no entendían lo que estaba haciendo. En lugar de ver mi propósito, me miraban con extrañeza, como si fuera una indigente buscando entre la basura.
Lamentablemente, en ese momento existía muy poca cultura de reciclaje. Cuando les hablaba de mi proyecto y les pedía que, en lugar de desechar sus empaques plásticos, me los donaran para darles una segunda vida, muchas personas me miraban como si estuviera loca.
Incluso llegué a comunicarme con grandes empresas colombianas en busca de sus residuos plásticos, con la esperanza de aprovechar aquellos materiales que ya no utilizaban. Sin embargo, ni siquiera así logré obtener el apoyo que necesitaba.
A pesar de las dificultades y de la falta de comprensión, la idea seguía creciendo. Porque para mí, aquellos empaques que otros consideraban basura ya habían dejado de ser simples desechos: eran la materia prima de algo nuevo.
¡Pero siempre hay una luz al final del túnel!
A pesar de las dificultades, hubo alguien que creyó en mí: la organización Reconcolombia. Gracias a su apoyo, pude viajar a Bogotá y Medellín para presentar mi idea y concientizar a las personas sobre la importancia del reciclaje.
Fue a partir de ese momento que empecé a recibir apoyo por parte de la Alcaldía de Floridablanca y de muchas personas. Cada vez que me veían, me entregaban sus empaques plásticos… ¡Ya no me veían como una indigente, sino como alguien que podía ayudar a salvar el planeta a través de sus residuos!
Finalmente, en 2015 pude crear mi microempresa, Madycleaning S.A.S.. Ahora contaba con el apoyo de algunas personas que me ayudaban en la producción de las bolsas, mientras yo continuaba concientizando a la comunidad y obteniendo cada vez más apoyo.
No importa los obstáculos, ¡lucha por tus sueños!
Fue un proceso difícil; hubo más de una vez en la que quise “tirar la toalla”… Pero nunca lo hice. No importa qué tan duro o largo parezca el camino para cumplir tus sueños y objetivos: ¡no te rindas! Siempre encontrarás, de alguna manera, la fuerza y el apoyo de personas que creen en ti y en tu proyecto.
Por otro lado, ya lo sabes: cada vez que veas una bolsa plástica en la calle, ¡por favor, recógela! En algún lugar puede haber una persona dispuesta a darle una segunda vida y, de esta manera, reduciendo los residuos, ¡juntos podremos ayudar a salvar el planeta!
Autor: Carolina Guevara
Entrevistado: Madelen Lascarro
Profesión: Administradora de empresas
Ciudad/municipio: Floridablanca
Departamento: Santander
Información de contacto del entrevistado
Correo electrónico: madelenlascarro @hotmail.com
Teléfono: 3153504041
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