De flor en flor: así van “revoloteando” las abejas: salvadoras del planeta

El reloj marcó las 10:00 a. m., lo cual significaba una sola cosa: ¡tendríamos clase de Educación física! A los pocos segundos, el timbre que daba la orden para cambiar de asignatura fue la señal que seguimos, pues debíamos bajar al primer piso con el único objetivo de salir de la escuela y ejercitarnos en una cancha de la comunidad. 

Al pasar unos minutos, y casi pisando los talones de mis compañeros, nuestros pasos eran rápidos —iban al compás de los latidos de cada corazón entusiasmado por la “aventura”—. En definitiva, el deporte nos distraía de otras materias. “Ahora sí, ¡a correr y divertirnos! No como en la cátedra de Hermes; la más aburrida”, expresó eufórico uno de mis amigos sobre las lecciones de Biología de nuestro maestro. 

“¡Cállate!”, le grité. “Me distraes, ¿acaso no has notado que tus movimientos bruscos molestan a las abejas de ese panal?” —Rápidamente, apunté con mi dedo índice hacia un gran árbol que se ubicaba a escasos dos metros de distancia—. “’Ja, ja, ja’; ¿otra vez con tus temas de la naturaleza? ¿A quién le importan las abejas? ¡Son bichos!, plagas que no aportan nada”, respondió con tono burlón y sarcástico. 

Yo solo dejé que hablara, y cuando terminó, agarré fuerte su mano y lo llevé a un gran jardín lleno de diversas flores. “Parecen un arcoíris, ¡sus colores son bellísimos! Están llenas de vida”, expresó mi amigo emocionado. “Adivina quiénes las cuidan para que se vean tan lindas”, alegué. “’Hmm’… no lo sé”, manifestó mientras se rascaba la cabeza —su mirada reflejó pura curiosidad—.

Luego de una hora, regresamos a las aulas. De nuevo, el timbre indicó el cambio de clase y todos corrimos hacia nuestros asientos. “Hola muchachos, hoy debatiremos acerca de las abejas”, afirmó entusiasmado el profesor Hermes —un hombre cuyo cabello blanco, contextura delgada y voz gruesa lo caracterizan—. “¿De las abejas?, pero eso no es interesante”, “al menos la miel es rica”, “¡estos minutos serán eternos!”; fueron algunos de los comentarios negativos que oí.

Entre tanto, las siguientes incógnitas invadieron mi mente: “¿Será que el profe escuchó mi conversación con Sneyder? (El chico que no creía en el valor de los insectos en cuestión), ¿cómo supo que necesitábamos hablar sobre eso? ¿Fue simplemente coincidencia?”. En fin, era muy bueno para ser verdad.

¿Sabías qué…?

Tras escuchar a los inconformes alumnos, Hermes caminó lento a su escritorio, abrió el bolso, sacó un marcador verde y dibujó en el tablero algo que muchos no reconocieron.

Querido lector, la siguiente es una representación de lo plasmado por el educador: 

—¿Alguien sabe qué es esto? —Preguntó, señalando con el marcador el tablero.

—¡No! —Gritaron en coro quienes estaban dentro del aula. 

—Es una colmena hecha por los humanos, como “la casa” de las abejas —afirmó.

—¿La casa de las abejas? —cuestionó María.

—Sí señorita, de la colmena se distinguen “varios segmentos” como la base que constituye la parte baja —hacía énfasis en el inferior de su dibujo—, allí se encuentra la piquera (apertura por la cual salen y entran las abejas); más arriba hallamos la cámara de cría, un tipo de caja en donde está la reina junto a los huevos y larvas; aquí —colocó su marcador en el centro de la ilustración— pueden observar la rejilla excluidora conocida por ser la reja que impide a la reina pasar por la cámara de cría; ahora, tenemos la cámara de producción o los cajones compuestos por cuadros que guardan la miel elaborada por las abejas; finalmente, esta —señaló— es la tapa o el techo. 

—Profe, pero entonces, ¿cuál es la importancia de las abejas? —interrumpió Carlos.

—¡Bien!, ¿sabían ustedes que aparte de hacer miel, estos animales se encargan de la polinización? ¿Alguien sabe qué es la polinización? —preguntó.

—¡No! —gritaron en coro los jóvenes de grado once. 

—Muchachos, la polinización es el proceso natural que ayuda a que las flores sean fecundadas para producir semillas y frutos. Entonces, las abejas van de flor en flor para buscar néctar y polen. Asimismo, ¿sabían ustedes que, a nivel global, una tercera parte de los alimentos y el 90% de la plantas silvestres compuestas por flores dependen de las abejas? Esto según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO).

—¿Y? ¿Solo polinizan? —Puso en duda Javier.

—Javier, ¿te parece poco? Si no me creen a mí, créanle al agrónomo Jaime Soto, quien en exclusiva para la iniciativa Mi Puerto Rico Verde explicó que de cada 10 cosas que el ser humano come, al menos cinco han tenido acción directa de las abejas, es decir, un 75 u 80 % de los alimentos ha sido polinizado. El experto aseguró que: “Sin abejas no hay polinización y sin polinización no hay comida”. Con lo anterior, ¿eso les parece poco? —Mantuvo Hermes.

—¡No! —Gritaron en coro todos.

—Sin embargo, este proceso no solo mantiene el equilibrio de los ecosistemas, sino que beneficia nuestra economía. —Sostuvo el hombre, cuyo cabello blanco transmitía la seguridad y sabiduría de décadas pasadas.

—¿En qué nos beneficia económicamente? —preguntó Juliana.

—Apreciados estudiantes, no lo digo yo, lo dice la ONG ambientalista Greenpeace en su informe titulado Alimentos Bajo Amenaza. Allí, se evidencia esto: “Se ha calculado que el valor económico de la labor de polinización de las abejas y otros polinizadores para la agricultura es de unos 265.000 millones de euros anuales en todo el mundo (…)”. 

—Profe, ¿y eso en pesos colombianos cuánto es? —Objetó Silvia.

—¡Excelentes preguntas! Silvia, 265.000 millones de euros equivalen a 119’746.322 pesos colombianos.

—¿Todavía dudan acerca de la relevancia de las abejas y su polinización? —Preguntó el maestro con un tono de esperanza en su voz y angustia en su mirar. 

—¡Para nada, profe! —Expresaron enérgicamente los adolescentes. 

Lo amargo de lo dulce

Al argumentar la importancia de los pequeños insectos, Hermes nos contó un poco sobre el peligro que acecha día a día a los “héroes polinizadores”. 

Respetado lector, en la gráfica que se encuentra a continuación, podrá enterarse de los riesgos que corre dicha especie:

¿Colombia sin abejas?

Así como lo acabas de leer, ¡en ALUNA no estamos exagerando! ¿Será que nuestro país algún día no verá más a esos pequeños insectos volar por nuestros campos, jardines y alrededores?, si faltaran, ¿nuestros cultivos se verían afectados?, ¿podríamos continuar la vida como la conocemos? Lamentablemente, las respuestas no son para nada alentadoras.

De acuerdo con un artículo publicado por Revista Semana, durante el 2020, en los últimos 8 años se ha perdido el 40% de la población de abejas en Colombia. Por ende, y haciendo “predicciones”, se estableció que dentro de 12 años esta especie animal desaparecería completamente. Ahora, querido lector, si usted pide mi humilde opinión sobre el tema, me atrevería a afirmar que si mueren las abejas, nosotros podríamos morir con ellas. ¡Aterrador!, ¿no?

Recordando un poco aquella clase inolvidable de mi maestro, lo difundido en la gráfica anterior y datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), debo mencionar que el 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen mayoritariamente de la polinización y el 35% de las tierras agrícolas. Por dichas razones, este organismo calificó a las abejas como la especie más importante del mundo. A su vez, el gerente comercial de la empresa apícola Cocomá, César Cocomá, sostuvo para la revista Dinero que: “Si las abejas se mueren, nosotros también”. 

Lo dulce de lo amargo: la apicultura

Si bien la fumigación se requiere para mantener la salud de los cultivos, a expertos como Cocomá les preocupa que cada vez haya menos cultivos sostenibles, ya que se afectan las especies polinizadoras debido a la cantidad de químicos implementados. Por consiguiente, el sector apícola —aquel encargado de criar y proteger las abejas para aprovechar productos como la jalea real, la miel y la cera— ha tenido que recurrir a espacios no tan contaminados (reservas forestales) con el fin de trabajar en el cuidado de las abejas y la extracción de su miel. 

Así pues, hoy en ALUNA llevaremos a quien nos lee, por medio de esta historia, hacia la hermosa Serranía de los Yariguíes ubicada en el municipio de Galán, Santander. Al adentrarse, conocerá a Orlando Orejaneda, representante legal de la Asociación de Apicultores de dicho territorio. 

Un sueño empírico

Y allí estaba, un joven de 14 años; pisaba con cuidado los caminos de su finca para no incomodar a las abejas que vivían por los alrededores. El olor a flores producía alegría en su ser, los enormes árboles cobijaban su cansancio, el azul del cielo lo transportaba a un estado de entera calma y observar detenidamente esos pequeños animales saciaba su sed de curiosidad; curiosidad que desarrollaba con el pasar del tiempo, pero más con los libros acerca del oficio apicultor de su padre. La bella población de Zapatoca vio crecer a nuestro protagonista hasta que se mudó al municipio de Galán. 

Pasaron unos años, y con sus conocimientos en agricultura y ganadería, Orlando se sintió preparado para “ir más allá” —su momento había llegado; el momento de salvaguardar a las abejas —. Tener motivación y una meta clara fueron claves, ¿Por qué? Porque, gracias a ello, en el 2018 realizó un curso sobre apicultura en el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) con el objetivo de profundizar el tema en lo técnico —sus conocimientos eran empíricos—.

Ese mismo año, nuestro protagonista identificó una problemática: muchos integrantes de su comunidad “odiaban” a las abejas, las consideraban plagas; por ende, supo que tendría que cambiar aquellas perspectivas de la gente para ayudar a la especie. De este modo, dialogó con la Alcaldía de Galán y un Ingeniero de Planeación que trabajaba allí; todo para crear una iniciativa que en el 2020 se compondría por 9 familias (vecinos de su barrio) y consolidaría como la Asociación de Apicultores de la Serranía de los Yariguíes, la cual vela por el cuidado de las abejas, junto a la recolección de miel y cera de estas. 

“El inicio fue difícil porque tuvimos que convencer a los habitantes de que las abejas no son plagas, sino heroínas del planeta. Nosotros íbamos a sus casas y les explicábamos la importancia de estos animales en la preservación y equilibrio de los ecosistemas, además de la mejora en la producción de los cultivos (buenas cosechas) y la reducción de costos en agro insumos; algunos nos permitían ir por las colmenas y otros simplemente mataban poco a poco la especie”, mencionó Orlando con nostalgia en su mirar. 

El hogar de las abejas

Orlando y su equipo construyen “casas artesanales” para las abejas que se ubican en varias fincas de los vecinos —de aquellos que son conscientes de la importancia de las abejas—. El experto comentó: “Usamos cajas de 54 centímetros de largo y unos 38 de ancho. Entonces, se coloca un piso o piquera, luego va la primera caja de cría que lleva 10 marcos en donde la reina pone sus huevos y se coloca otra base más arriba para que las abejas almacenen su miel. Finalmente, en la parte superior, va una tapa o el techo que protege la colmena”. —Parecido a la explicación de un profesor con cabello blanco, ¿no?—.

No se preocupe, apreciado lector, aquí dejo de nuevo el dibujo para que no detenga su amigable lectura:

La miel y su proceso de extracción

Ay, el verano; una época perfecta para que la miel esté en su punto “más dulce” y, por ende, lista para recoger. Durante ese tiempo, generalmente entre finales de diciembre e inicios de marzo, la Asociación revisa las colmenas entre 2 a 4 meses sin causar daños, con el objetivo de cosechar el preciado néctar y dejar que las abejas continúen su valioso trabajo. Después, se producen cerca de 2.000 botellas —de 400 o 500 gramos— que contienen la miel multifloral, es decir, aquella que elaboran las abejas a partir del néctar de múltiples especies de flores vegetales. 

Clave: la protección 

Para realizar su labor sin correr ningún tipo de riesgo, don Orlando y su equipo usan un traje enterizo de overol, botas largas, guantes y careta al momento de recolectar la miel. No obstante, ¡su autocuidado no es suficiente! Ellos deben preservar también la vida de las abejas.

Con lo anterior, en primer lugar, las ubican en la naturaleza (un espacio al aire libre en donde los rayos del sol sean protagonistas). En segunda instancia, el equipo las coloca sobre bases o soportes para que los insectos no toquen directamente el suelo, pues así evitan que las plagas entren a las colmenas. Por último, se busca que en el sitio haya una fuente de agua, ya que la especie necesita del líquido —obtienen energía y se evita la contaminación con agroquímicos—. 

El presente y el futuro

“Cuando se destapa el panal, salen una partecitas de cera que se recogen y se cocinan, al cocinarse se filtran y, luego de enfriarse, se forma algo parecido a una ‘torta de cera limpia’ que se puede aprovechar para hacer nuevas láminas que se comercializan con diferentes usos, tales como la realización de cosméticos, medicinas, cremas y betún de zapatos”, aclaró Orlando, quien añadió lo siguiente: “Además, hay un máquina por la cual se pasa la lámina de cera para labrarla unos 4.9 milímetros, esto con el fin de que las abejas sigan construyendo el panal. Así se producen más obreras en menos tiempo”. 

La Asociación desea a futuro recolectar polen y distribuirlo, para eso se requieren unas “especies de trampas” que se colocan en la piquera, en otras palabras, en la parte inferior de la colmena —por donde entran las abejas—. “Así, al ingresar, y como los insectos llevan en las ‘paticas’ el polen, este cae por unos pequeños huecos que se encuentran en dicha base hasta llegar a una canastilla donde se recolecta. Posteriormente, se hace un secado adecuado con un tipo de horno que no permite que el polen se dañe. Solo se recoge, se seca y se comercializa”, aclaró Orlando. 

Pero, usted se preguntará cuáles son los beneficios del polen, ¿no? Pues bien, de acuerdo con Jesús Román, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación, en entrevista con BBC Mundo; el polen contiene 25% de proteína, es bajo en grasa y sodio, aporta vitaminas A, B, D, E, K, etc. En general, las propiedades del producto regulan los procesos digestivos, mejoran la visión, estimulan el estado anímico y sirven como un cosmético natural. 

Que los pensamientos vayan “más allá”

“Al principio, el proyecto fue complejo porque la gente mataba las abejas, no nos apoyaban pues creían que eran una plaga; igualmente, no teníamos el suficiente conocimiento sobre redes y tecnología que actualmente se maneja mucho, lo importante es ir aprendiendo. La apicultura es algo muy limpio, no va en contra del medio ambiente, aunque a veces las abejas africanizadas sí son un poco agresivas”, concluyó nuestro protagonista de hoy. 

Sin embargo, resulta garantizar que esta historia no ha terminado. Seguramente, nos espera mucha miel a futuro.


Entrevistado: José Orejarena
Apicultor
Escrito por: Camila Andrea Álvarez (Semillero ALUNA)

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