Vimos la química sobre ruedas, con la ciencia de copiloto

Sin darse cuenta, ya estaban allí: con las emociones a flor de piel y la expectativa puesta en un pequeño vehículo (en forma de tortuga) que estaba a punto de ponerse en marcha. Una mesa, un prototipo y varios estudiantes observando en silencio. Durante unos segundos no ocurrió nada. Luego, el vehículo comenzó a avanzar lentamente. No había gasolina, humo ni el ruido característico de un motor. Lo único que impulsaba su movimiento era una reacción electroquímica cuidadosamente controlada. Detrás de ese recorrido de apenas unos metros, surge una pregunta inevitable, mientras los estudiantes apretaban sus puños esperando que todo sucediera como lo habían planeado.

¿Puede una reacción química mover un vehículo sin utilizar gasolina? Esa fue la duda que motivó a un grupo de estudiantes de la Universidad Industrial de Santander (UIS) a desarrollar HicoTech, un prototipo capaz de desplazarse y detenerse mediante una reacción electroquímica controlada. A través de este proyecto, los integrantes del equipo Chem-E-Car buscan demostrar que los principios estudiados en el laboratorio pueden transformarse en aplicaciones reales que integran ciencia, tecnología e innovación.

Integrantes del equipo Chem-E-Car de la Universidad Industrial de Santander (UIS), conformado por estudiantes de Ingeniería Química, Ingeniería Mecánica, Ingeniería Electrónica y Química, durante su participación en el congreso internacional PROCESA 2026.

Lo que para muchos parece imposible se convierte, para cientos de estudiantes alrededor del mundo, cada año en un desafío apasionante: construir un vehículo capaz de avanzar y detenerse utilizando únicamente reacciones químicas. Ese reto recibe el nombre de Chem-E-Car, una competencia internacional organizada por el Instituto Americano de Ingenieros Químicos (AIChE), donde la creatividad, el conocimiento y el trabajo en equipo pesan mucho más que la velocidad.

En Chem-E-Car no gana el carro más rápido. El verdadero desafío consiste en recorrer una distancia específica con la mayor precisión posible, controlando cada reacción química que impulsa y detiene el vehículo. Detrás de ese pequeño prototipo, del tamaño de una caja de zapatos, existen meses de investigación, cálculos, diseño, pruebas y, sobre todo, muchas horas de aprendizaje.

Más que construir un carro, el desafío consiste en calcular con precisión la energía que libera una reacción química para que el vehículo recorra una distancia específica y se detenga exactamente en el punto indicado. Bajo ese reto nació HicoTech, el prototipo desarrollado por estudiantes de la Universidad Industrial de Santander (UIS), el cual fue presentado durante la Conferencia Regional Latinoamericana de Estudiantes PROCESA 2026 como una muestra de cómo los principios estudiados en el laboratorio pueden transformarse en aplicaciones reales.

HicoTech: un proyecto con identidad santandereana

En junio de 2026, Honduras fue el escenario donde el grupo tuvo la oportunidad de representar a la Universidad Industrial de Santander (UIS) y compartir su trabajo con estudiantes de toda Latinoamérica. Allí presentaron HicoTech, el prototipo desarrollado por el equipo Chem-E-Car, un vehículo inspirado en la hicotea, una tortuga representativa de la región Santander. Este símbolo fue elegido porque refleja valores con los que sus integrantes se identifican: resiliencia, equilibrio, adaptación y la capacidad de avanzar con determinación frente a cada desafío.

HicoTech, prototipo desarrollado por el equipo Chem-E-Car UIS, inspirado en la tortuga hicotea, una especie representativa de la región Santander.

“Cuando descubrí que en mi carrera existía un grupo de jóvenes que construía un carrito desde cero, sentí que podía generar un cambio”, afirmó Jimena Flórez Prada, estudiante de Ingeniería Química y directora del comité de Chem-E-Car.

La estudiante destacó también el impacto de una frase del escritor Eduardo Galeano que ha guiado su experiencia en el proyecto: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Para ella, participar en el grupo representa una oportunidad para aportar desde distintos espacios de la comunidad universitaria.

Pero HicoTech representa mucho más que un diseño llamativo. Es el resultado de incontables experimentos, pruebas que funcionaron, otras que no salieron como se esperaba y muchas horas de trabajo en las que se comprendió que la ingeniería consiste precisamente en encontrar soluciones cuando las cosas no salen a la primera.

Más que un carro, una apuesta por la innovación sostenible

Aunque los vehículos convencionales también dependen de reacciones químicas —como la combustión de gasolina o diésel—, HicoTech funciona bajo una lógica distinta: no utiliza un motor de combustión interna ni quema combustibles fósiles para generar su movimiento. Este se produce a partir de una reacción electroquímica controlada. En ella participan un electrodo de aluminio y otro de carbón activado, separados por una solución de hidróxido de potasio (KOH), que permite el intercambio de cargas entre ambos electrodos. En ese instante, cuando esos tres se encuentran, como si alguien encendiera una chispa invisible, ocurre una reacción química que empieza a producir electricidad.

Esa electricidad corre por el interior del carro como un mensaje urgente. Su misión es despertar a un pequeño motor eléctrico. Cuando el motor recibe la energía, comienza a girar y, al hacerlo, pone en movimiento las ruedas. Así, lo que empezó como una reacción química termina convirtiéndose en un carro avanzando sobre la pista.

Es una cadena sorprendente: Química – Electricidad – Motor – Movimiento

La química crea electricidad, la electricidad despierta el motor y el motor hace avanzar a HicoTech.

Imagen ilustrativa que representa el funcionamiento del Chem-E-Car mediante un diagrama de flujo.

Pero aquí aparece el verdadero desafío. Los estudiantes no pueden dejar la reacción al azar. Deben calcular exactamente cuánta energía necesita el carro. Si la reacción produce demasiada energía, HicoTech seguirá avanzando más allá de la meta. Si produce muy poca, se detendrá antes de llegar.

Además, el vehículo tiene un sistema de frenado especial que se activa después de un tiempo cuidadosamente calculado. Es como si el carro tuviera un reloj interno que le dijera: “ya es momento de detenerse”. Las reglas oficiales de Chem-E-Car 2026 prohíben los frenos mecánicos y también los dispositivos mecánicos o electrónicos que funcionen como temporizadores. La distancia y la detención deben depender de un cambio cuantificable de las reacciones químicas que se llevan a cabo.

Por eso, el reto no es solo hacer que el carro se mueva. El verdadero objetivo es lograr que recorra la distancia exacta y se detenga justo en el lugar correcto. En una competencia donde unos pocos centímetros pueden marcar la diferencia, cada gota de solución, cada cálculo y cada segundo cuentan.

HicoTech demuestra que la ciencia puede salir del laboratorio y cobrar vida sobre ruedas. Una reacción química se convierte en electricidad, la electricidad en movimiento y el movimiento en una prueba de que la creatividad y el conocimiento pueden transformar una idea en algo que realmente avanza frente a nuestros ojos.

Y es justamente ahí donde HicoTech deja de ser solo un experimento curioso y empieza a hacerse una pregunta más grande: ¿cómo nos moveremos en el futuro? Cada día millones de vehículos utilizan combustibles fósiles para desplazarse. La Agencia Internacional de Energía informó que las emisiones globales de CO₂ derivadas de la combustión de combustibles aumentaron cerca de un 0,5 % en 2025, lo que representa alrededor de 185 millones de toneladas adicionales de CO₂ y evidencia la necesidad de desarrollar alternativas energéticas más sostenibles (IEA, 2026). Además, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advierte que reducir las emisiones provenientes de estos combustibles es uno de los desafíos más importantes para frenar el calentamiento global (IPCC, 2022).

Sin embargo, el equipo reconoce que ninguna tecnología está libre de impactos ambientales. La fabricación de materiales, el uso de reactivos químicos y la disposición de residuos representan retos que también deben ser evaluados. En ese sentido, HicoTech no busca reemplazar los sistemas de transporte actuales ni presentarse como una solución definitiva, sino convertirse en una oportunidad para investigar nuevas alternativas energéticas, formar futuros investigadores y demostrar que muchas de las grandes innovaciones comienzan con preguntas que nacen en el laboratorio.

La investigación es el verdadero motor invisible de HicoTech. Construir un Chem-E-Car no significa únicamente ensamblar piezas y esperar que el carro avance; significa hacer preguntas, poner a prueba ideas y descubrir qué ocurre cuando la teoría sale del cuaderno y entra en el laboratorio. Cada experimento es como una pista de una gran búsqueda científica: algunos resultados sorprenden, otros obligan a empezar de nuevo y muchos enseñan algo que no estaba escrito en ningún manual.

Esta experiencia demuestra además que la investigación no es una actividad exclusiva de científicos o investigadores profesionales. A través de proyectos como Chem-E-Car, los estudiantes pueden aplicar los conocimientos aprendidos en clase para resolver problemas reales, analizar resultados y tomar decisiones basadas en la evidencia obtenida durante las pruebas. Después de todo, la innovación no aparece de un día para otro; nace de la imaginación, el trabajo en equipo y el deseo constante de aprender algo nuevo.

Y quizá lo más importante es que iniciativas como HicoTech despiertan una pregunta en muchos niños y jóvenes: “¿Y si yo también pudiera crear algo así?” Al ver cómo una idea se transforma en un vehículo que realmente se mueve gracias a una reacción química, la ciencia deja de parecer algo lejano y se convierte en una herramienta para crear, descubrir y ayudar a los demás. En ese momento, el laboratorio deja de ser solo un lugar de estudio y se transforma en un espacio donde las ideas pueden ponerse en movimiento. Lo más valioso es que muchos de los inventos que hoy cambian el mundo también empezaron así: con una idea simple y una mente curiosa.

Antes de finalizar la entrevista, Jimena Flórez envió un mensaje a los jóvenes del país:

“Los invito a hacer todo con amor. En la investigación, muchas veces las cosas no salen como esperamos, pero es precisamente allí donde aprendemos. Más allá de los avances tecnológicos, la creatividad, la perseverancia y el deseo de mejorar nuestra comunidad siguen siendo cualidades que solo nosotros podemos aportar”.


Autor: Danna Sofía Villamizar y Camila Fernanda Reyes

Entrevistado: Ingrid Jimena Flórez Prada

Profesión: Estudiante de Ingeniería Química

Ciudad: Bucaramanga

Correo electrónico: Jimena.prada0512@gmail.com

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