Zoe y las hojas de mazorca

En un bosque tranquilo y frondoso vivía una mapache llamada Zoe. Zoe era una mapache curiosa y juguetona, con una cola esponjosa y ojos brillantes. Pasaba sus días explorando el bosque, corriendo de un lado a otro y descubriendo todos los secretos que este escondía.

Mapache portada

Un día, mientras daba un paseo, Zoe encontró algo extraño esparcido entre las hojas y ramas. Eran restos de comida, dejados por los humanos que a veces visitaban el bosque. Zoe se acercó con curiosidad y vio hojas de mazorca esparcidas por todas partes.

Sin pensarlo dos veces, empezó a jugar con las hojas de mazorca. Las movía de un lado a otro, las lanzaba al aire y las atrapaba con sus ágiles patas. Entonces, algo mágico sucedió: Zoe descubrió que podía doblar las hojas de mazorca de cierta manera y formar una hermosa flor.

Con una sonrisa radiante en su rostro, corrió hacia su madriguera para mostrarle su hallazgo a su madre, Aurora. “¡Mira, mamá! ¡Mira lo que puedo hacer con estas hojas de mazorca!”, exclamó Zoe emocionada, mostrándole la flor que había creado.

Aurora observó con orgullo la creatividad de su hija. “¡Es hermosa, Zoe! Tienes un talento especial para las manualidades”, dijo con cariño. “Creo que deberías seguir explorando ese talento”.

Inspirada por las palabras de su madre, Zoe decidió hacer más figuras con las hojas de mazorca. Creó mariposas, pájaros y corazones, cada una más bonita que la anterior. Y lo mejor de todo, comenzó a regalar sus creaciones a los demás mapaches del bosque.

Un día, mientras Zoe estaba recolectando más hojas de mazorca, escuchó un ruido extraño. Era un crujido, como si alguien o algo estuviera moviéndose entre los arbustos. Zoe se detuvo, sus orejas se alzaron y su corazón comenzó a latir más rápido. “¿Quién anda ahí?”, preguntó con voz temblorosa.

De repente, un par de ojos brillantes apareció entre los arbustos. Zoe retrocedió un paso, pero no pudo apartar la mirada. Los ojos se acercaron lentamente y ¡BAM! Era Chispa, su amiga mapache. “¡Hola! No quería asustarte”, dijo Chispa con una voz suave. “He estado observando tus creaciones y quería ayudarte a recoger más materiales”. Zoe suspiró de alivio y sonrió. “¡Hola, Chispa! Claro, me encantaría tu ayuda”.

Pronto se dieron cuenta de algo maravilloso: las hojas de mazorca y otros restos dejados por los humanos podían tener una segunda vida. Podían ser transformados en algo útil en lugar de simplemente quedar olvidados en el bosque.

Desde entonces, Zoe, Chispa y los demás mapaches continuaron cuidando su hogar y reciclando los desechos de los humanos, recordando siempre que incluso las cosas más pequeñas pueden tener un gran impacto en el mundo que nos rodea.

Este cuento está basado en el artículo KOKOZUAT: Diseñando y soñando con hojas de maíz y fue escrito por Jenny Karina Bayona Gómez.

¡Hola! Para acceder a las actividades ALUNA debes iniciar sesión con tu cuenta. Loguéate e inténtalo nuevamente.

Scroll al inicio
Ir al contenido