Tres amigos y un misterio
Escrito por Diana Melisa León Motta del Instituto Agrícola de Charta.

A un fascinante pueblo, muy poco conocido llamado Charta, llegó por causa de la deforestación una pequeña familia de koalas. Ellos tenían un hijo llamado Teddy.
El era muy amigable y empezó a llevarse muy bien con dos amigos. La coneja Canela y el mapache Pepe. Ellos compartían el amor por la naturaleza del pueblo.
Un día Pepe, Canela y Teddy regresaban de colegio hablando y comentando sus anécdotas. De pronto, vieron unas bolsas negras muy cerca a la orilla de una quebrada. Se acercaron y encontraron una cascara y una botella flotando en el agua. Al ver esto quedaron muy sorprendidos y tristes por aquella situación.
—Esto no puede quedarse así — dijo Teddy.
Ajustándose su bolso se agachó y recogió la botella y la cascara del agua. Luego agregó:
— Este pueblo me recibió con los brazos abiertos y es mi deber cuidarlo.
— ¡Amigos miren encontré unas huellas! — dijo Canela mientras recogía cuidadosamente un vidrio que estaba cerca.
— Creo saber de dónde llegan – comentó Pepe quien revisó la botella que sacó Teddy. —Esta botella tiene una etiqueta que dice “mermelada artesanal de mora Doña Lola”.
—¿Doña Lola? nunca la habíamos escuchado — dijeron los amigos.
Llenos de intriga los tres amigos empezaron a seguir las huellas. A medida que iban avanzando encontraban mas residuos en el camino, cerca a los arroyuelos y esparcidos por todo el lugar.
Luego de caminar un buen rato se encontraron con la hacienda La Palmita. Esta hacienda se veía muy bien cuidada con un portón de madera y una muy linda fachada.
Ellos con la intriga de saber si hay era el lugar donde se estaban produciendo los residuos tocaron la puerta … ¡TOC, TOC!
—Si niños, ¿a quién necesitan? — preguntó un trabajador.
— Hola buenas tardes, buscamos a doña Lola — respondieron los amigos.
El trabajador les abrió por completo la puerta.
— Pasen niños — les dice.
Ellos, al entrar, vieron unos cultivos de mucha variedad de frutas, pero las plantas estaban un poco débiles. Mientras seguían recorriendo la hacienda escuchaban un voz dulce.
—Hola pequeños, ¿qué los trae por acá? — comentó doña Lola, la dueña del lugar.
Ellos voltearon y vieron a una señora muy linda con un delantal rosado y una botella de mermelada en la mano.
— Doña Lola que pena molestarla, es que encontramos esto cerca de nuestra fuente de agua — le dijo Pepe con la botella en la mano.
Al ver la botella la sonrisa de doña Lola desapareció de su cara, bajó la mirada y suspiró.
—No me imaginé que la corriente llevara esa botella tan lejos — confesó ella. – Es que mis plantas estaban enfermas, y no tenia dinero para pagar la recolección de basura, así que lo más fácil fue arrojar los desperdicios a la naturaleza.
Canela comprendió la razón de la marchites de las plantas.
—Doña Lola, el agua a la cual esta botando sus residuos es la misma con la cual se alimentan sus cultivos. Al tirar residuos está dañado sus propios cultivos — le dijo canela con cariño.
Doña Lola se puso triste porque sabía del daño que estaba haciendo.
—¡Doña Lola, tranquila que nosotros la podemos ayudar! — le comentó Teddy. —Gracias a mi familia, se hacer abono casero con los residuos de las frutas.
Doña Lola se alegró con la noticia.
— Gracias pequeños, ¿en verdad me ayudarán?
—Si doña Lola – respondieron ellos.
Los cuatro empezaron a limpiar la quebrada. Canela se encargaba de recolectar las botellas plásticas y Pepe de depositar las botellas de vidrio. Por su parte, doña Lola y Teddy recolectaron todos los residuos de frutas para realizar el abono.
Semanas después observaron que el abono estaba húmedo, para lo cual agregaron hojas secas y un poco de tierra. Cuando estuvo listo el abono se les agregó a las plantas. Estas se volvieron más lindas, dulces y brillantes.
Con el paso del tiempo las mermeladas de la hacienda La Palmita se volvieron las más deliciosas de todo el municipio.
Información del cuento
Escrito por: Diana Melisa León Motta.
Imagen de portada desde Pixabay.