¿Quién despertó la basura?

Autora Annieth Sofia De La Rosa Triana

A medianoche, una sacudida estremeció las toneladas de residuos de El Carrasco. ¡CRAAAC! La tierra se abrió y, entre bolsas plásticas, cáscaras y ramas, apareció un monstruo colosal. Sus ojos brillaban como brasas y cada paso hacía temblar el suelo.

—Cada vez que mezclen los residuos y los arrojen sin cuidado, me haré más fuerte —rugió—. ¡Pronto cubriré la ciudad!

Al amanecer, en la Institución Educativa San José de La Salle, Isabella y Daniel, líderes ambientales de noveno, escucharon un ruido en la compostera escolar. ¡TUM, TUM, TUM! La tapa se abrió y un remolino de hojas secas arrastró a los dos jóvenes a un lugar desconocido.

Cayeron en el Reino de la Tierra Viva. Los ríos estaban grises y las plantas, marchitas. Mientras buscaban el camino de regreso, Isabella encontró unas huellas verdes sobre la tierra oscura. Las siguieron hasta una guardiana diminuta, cuyas alas parecían pétalos.

—El monstruo está robando la vida de este reino —les dijo—. Pero no se detendrá con una semilla mágica. Tendrán que descubrir qué necesita la tierra.

Daniel observó el suelo y notó que, junto a las plantas marchitas, había restos de comida mezclados con pedazos de plástico. Isabella comprendió que debían separar los materiales: los restos vegetales podían ir a la compostera, pero el plástico no se convertiría en abono.

La guardiana les entregó una semilla dorada para guiarlos de vuelta. Al llegar al colegio, vieron al monstruo acercándose a la entrada. ¡BAM! Una de sus garras derribó parte de la cerca. Los estudiantes se alejaron mientras Isabella y Daniel corrían hacia la compostera.

La lluvia había empapado las hojas secas. Daniel miró la mezcla, preocupado.

—Si queda demasiado húmeda y compacta, le faltará aire —dijo con angustia—. Necesitamos agregar material seco y voltearla.

Isabella separó los plásticos y añadió hojas secas a los restos vegetales. Daniel mezcló las capas y dejó espacio para que circulara el aire. Los pasos del monstruo sacudían el patio. Cuando su sombra los cubrió, Isabella plantó la semilla dorada junto a la compostera.

De la tierra brotaron filamentos luminosos, como el micelio de los hongos, y unas enredaderas mágicas sujetaron al gigante. El monstruo rugió, pero no desapareció de golpe: perdió fuerza cuando los estudiantes dejaron de alimentarlo con residuos mezclados. Los plásticos quedaron aparte, listos para recibir el manejo adecuado, mientras los restos orgánicos comenzaron un proceso que necesitaría tiempo y cuidado.

Durante las semanas siguientes, Isabella y Daniel revisaron la compostera, mantuvieron el equilibrio entre materiales húmedos y secos y airearon la mezcla. Poco a poco, los restos se transformaron en compost. En el colegio, invitaron a sus compañeros y familias a separar los residuos y a aprender cómo cuidar la tierra.

Una mañana, Isabella descubrió un pequeño brote verde junto a la compostera. A lo lejos, donde el monstruo había dejado sus huellas, otra planta comenzaba a crecer.

Información del cuento

Colegio: San José De la SalleAutora Annieth Sofia De La Rosa Triana

Imagen de portada generada con ayuda de Adobe Firefly.

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