La Lata Rox

Autor: Saul Andrés Suarez Rodríguez

Desde la chatarrería se oia la vos de esa pequeña lata llamada Rox. Esta era una antigua lata de sardinas que vivía allí con otros metales: uno era un cubo de acero; otro, un batallón de tuercas que por tantos años de uso perdieron su rosca; otra era una llave hecha de hierro y también había una lata de refresco.

Todos ellos, exceptuando a Rox, se quejaban de ese lugar; pensaban que ya nunca más iban a volver a ser usados ni tendrían otra función. En ese sitio se veían las cortinas de luz del sol que pasaban por las hendiduras de la pared. El lugar por el día era silencioso y estremecedor, pero por la noche era un bullicio por las voces de quienes se quejaban.

Pasaron varios años hasta que un día de madrugada, por donde el sol se asomaba cada vez más, llegaron dos hombres: uno alto y robusto, y otro bajo. Venían de una empresa de metales llamada Metaloide, la cual se encargaba de reutilizar y renovar los residuos metálicos. Todos, al no saber lo que pasaba, se quedaron quietos y no reaccionaron. Los hombres cogieron a cada uno de ellos y los trasladaron a una camioneta blanca. Pasaron dos largas horas hasta que por fin se detuvieron; pararon en una gran fábrica.

El lugar por dentro estaba iluminado por incandescentes luces de color blanco y los ruidos de las máquinas hacían ¡plank, pown! Cada vez que se iban adentrando era más fuerte el estruendo. Al final, llegaron a una sala y los dejaron; todos estaban asustados, excepto Rox. Veían cómo las máquinas separaban los residuos de metal y cómo cada tipo diferente de metal iba a una sala apartada.

Después tocó el turno de Rox y sus compañeros. Nadie sabía lo que pasaba, pero Rox estaba tranquilo. Cada uno de ellos fue separado y llevado a una sala diferente. En esa sala había un horno amenazante en donde se percibía un rojo incandescente con una temperatura a más de 1,680 grados Fahrenheit. Al entrar en el horno, fueron derretidos y moldeados; Rox, ya sabiendo lo que pasaba, sonrió, se dejó derretir y disfrutó el calor.

Después de ser derretidos, fueron llevados a una sala de creación por medio del metal, en donde juntaron a Rox con sus compañeros, los soldaron y trabajaron para convertirlos en una hermosa bicicleta que podrá tener de nuevo valor e interés para quien la quiera comprar y montar.

Moraleja: Aun así, te digan que no sirves o que no tienes valor, recuerda que siempre tendrás un propósito.

Información del cuento

Colegio: Instituto Técnico Dámaso Zapata Autor: Saul Andrés Suarez Rodríguez

Imagen de portada generada con ayuda de Adobe Firefly.

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