La hoja imperfecta

Este cuento está basado en el artículo La alternativa ecológica a los plásticos de un solo uso ‘Made in Santander’.

Escritor: María Paula Diaz Villarreal

Publicado el: 12 de mayo de 2026.

LA HOJA IMPEFECTA DIBUJO
Ilustración: Paula Margarita Plata Lea

El viento soplaba con fuerza en las montañas de Santander. Fuuuu… fuuuu…


Las hojas de bijao se mecían al son del viento, brillando bajo el sol como si fueran manos verdes saludando al cielo.

—¡Mírame! ¡Estoy perfecta! —decía una hoja grande, brillante e imponente.

—Yo también —respondía otra—. ¡Seguro me usarán para envolver bocadillos!

Pero no todas pensaban igual…

En una esquina de la planta, una hoja más pequeña y con bordes irregulares observaba en silencio. Tenía una mancha oscura y un pequeño agujero en el centro.

—Yo… no sirvo para nada —susurró.

Cada día, los humanos llegaban, cortaban las hojas más bonitas y se las llevaban. Las demás… caían al suelo.
¡Paf! ¡Plof!

—Otra vez aquí… —dijo la pequeña hoja, sintiendo cómo el polvo la cubría—. Nadie me quiere.

El tiempo pasó. El sol ardía durante el día y el frío quemaba en la noche. A su alrededor, muchas hojas se acumulaban, olvidadas.

—¿Qué pasará con nosotras? —preguntó una hoja vieja.

—Nada… —respondió otra—. Nos convertiremos en basura.

La pequeña hoja cerró sus nervaduras con tristeza.

Pero un día, algo diferente ocurrió.

Un grupo de personas llegó con canastos. No buscaban las hojas perfectas… recogían las que estaban en el suelo.

—¡Mira! —dijo una de ellas—. Estas también sirven.
La pequeña hoja no lo podía creer. —¿Servir? ¿Yo? ¿Para qué?

Con cuidado, la levantaron.

¡Shhhh! —sonó al rozar otras hojas.

Fue llevada a un lugar lleno de agua, mesas y herramientas. Todo era nuevo. Todo era extraño.

—¿Qué harán con nosotras? —preguntó nerviosa.

—Confía —susurró otra hoja.

Primero, las limpiaron. Splash… splash… Luego, comenzaron a transformarlas. ¡Press! ¡Crack! ¡Pushhh!

La pequeña hoja sintió que se transformaba. Ya no era una hoja olvidada. Se estaba convirtiendo en algo nuevo.

Pasaron los días… y finalmente, lo entendió.
Ahora era una bandeja firme, resistente y hermosa.

—¡Mírame! —dijo emocionada—. ¡Sigo aquí!

Pero lo mejor estaba por venir.

Un día, vio algo que la hizo estremecer. A su lado había una bandeja blanca, rígida, de icopor.

—Yo nunca desaparezco —dijo con voz fría—. Me quedo por años… contaminando todo.

La hoja, ahora transformada, guardó silencio.

Ella era diferente. Sabía que, cuando su trabajo terminara, volvería a la tierra. Volvería al suelo. Volvería a la vida. Y eso la hacía especial.

—No fui elegida al principio… —dijo con suavidad—.

Pero encontré mi propósito.

El viento volvió a soplar. Fuuuu… fuuuu…

Y en algún lugar del campo, nuevas hojas crecían, algunas perfectas… otras no tanto.

Pero ahora ya no importaba, porque incluso las que parecían no servir, podían convertirse en algo que ayudara a cuidar el planeta.

Y así, la pequeña hoja que nadie quería… terminó siendo parte de un cambio mucho más grande.

Información del cuento

Este cuento fue escrito por María Paula Diaz Villarreal.

Imagen de portada: Paula Margarita Plata Lea.

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