El secreto de los colores perdidos
Escritora: María Paula Rueda Rueda
Publicado el: 27 de octubre de 2026.

Pensó Carmesí mientras observaba a su alrededor. El mundo ya no era igual, ni siquiera su color de piel. Sus habitantes actuaban como robots diseñados para cumplir únicamente con lo que Blanco, su rey, les pedía, y eso la entristecía.
Siempre iba a una vieja cantera donde recordaba jugar de pequeña. Ya casi no recordaba su niñez, ni porqué su mundo, según contaban los antiguos, antes era enorme y estaba lleno de colores. Tenía frutas mágicas que devolvían la alegría y la salud a los enfermos.
Caminaba por el lugar abandonado, sintiéndose vacía. A lo lejos vio una vieja casa y se acercó, pensando que estaba sola, pero encontró a un color que parecía brillante para los años que tenía encima.
—¿Qué haces acá, niña? —preguntó Cian con voz cansada. Carmesí vio que sostenía un libro desgastado.
—¿Esta zona está prohibida? —murmuró con miedo Carmesí—. ¿Qué es eso?
—Un libro que Blanco mataría por encontrar —respondió Cian mirándolo con intriga. —Cuenta cómo era el mundo antes de él —dijo, apretándolo contra su pecho.
—¿Puedo verlo?
—Sabes que de esto no se puede enterar nadie, ¿no?
Ella asintió y abrió el libro.
La tarde con Cian fue extraña, pero nada comparado con el contenido del libro. Hablaba de un mundo lleno de colores y plantas mágicas, habitado por seres como ellos. A diferencia de ahora, los antiguos estaban llenos de vida y color. Todo cambió con la llegada de Blanco al poder. Hubo guerras, y el precio fue la pérdida de color e identidad.
Cian era de los pocos que aún recordaban.
—Antes había algo que nos daba felicidad, algo que Blanco destruyó. Quedaba cerca de la cantera, pero, cuando descubrió que podía proporcionar materiales para construir, la destruyó. Intentó cambiar el mundo y lo consiguió. La cantera fue el principio del fin.
—¿Qué era eso que nos daba color y felicidad? —preguntó Carmesí.
—Era una huerta mágica. Sus plantas curaban a los enfermos, traían vida y biodiversidad, hacían vivos nuestros colores y llenaban de felicidad nuestros corazones. Blanco la destruyó y quienes confiaban en él lo siguieron ciegamente. Ahora trabajamos para modernizar el mundo sin darnos cuenta de que lo destruimos cada día más.
—¿Y cómo podemos traer eso de vuelta? —preguntó Carmesí, sintiendo esperanza.
—Trayendo la huerta de vuelta.
Cian y Carmesí sabían que era riesgoso, pero valía la pena intentarlo. La cantera estaba cubierta de piedras y casi no quedaba tierra fértil. Buscaron entre los escombros, recogieron agua de lluvia y construyeron una estructura con tablas y recipientes abandonados. Con ayuda del libro de hechizos, prepararon la tierra y sembraron semillas. Cian le mostró cuáles semillas podían crecer allí y Carmesí prometió cuidarlas, aunque todavía no sabía si funcionaría de verdad. Las plantas se veían débiles, pero siguieron cuidándolas.
Al principio no pasó nada. Carmesí pensó que habían fracasado, pero días después apareció un brote diminuto. Por un momento recordó una imagen de su infancia, aunque no logró entenderla.
Meses después, el mundo comenzó a recuperar su color. Los habitantes ya no parecían robots y algunos empezaron a cuestionar a Blanco. Lo hacían en secreto, porque temían que su rey descubriera la huerta y la destruyera también.
Carmesí observaba las plantas junto con Cian. Aún quedaba mucho por hacer y recuperar su mundo no sería sencillo, pero ahora sabían que las cosas podían cambiar si alguien se atrevía a dar el primer paso. Entre las piedras grises, una nueva hoja se abrió paso hacia la luz. Por primera vez en mucho tiempo, Carmesí sintió que aquel vacío comenzaba a desaparecer.
Información del cuento
Autora del cuento: María Paula Rueda Rueda.
Imagen de portada: Geraldine Motta Ortiz