¿Cómo un administrador de seguridad y salud en el trabajo termina liderando un emprendimiento no solo próspero, sino que también ayuda a mitigar la contaminación ambiental? A veces, los caminos no se trazan desde la comodidad, sino desde la inquietud. Cuando la preocupación por el planeta crece, también nace la necesidad de hacer algo para cambiarlo. Así comenzó la historia de Nixon Fernando Guerrero, un ocañero que decidió transformar su inconformidad con la realidad ambiental en una oportunidad para actuar, crear y proponer nuevas formas de relacionarnos con los residuos que solemos ignorar.
En el año 2020, Nixon Fernando Guerrero se encontraba con una preocupación constante: el futuro del planeta. Esa sensación, cada vez más común, se conoce como ecoansiedad: el miedo y la angustia que provoca pensar en los efectos del cambio climático y la contaminación. “Estamos acostumbrados a ver la basura, a ver el cambio climático, y mucha gente no le presta atención, pero en mí sí había una preocupación grandísima, me daba miedo pensar en el futuro… además porque tengo un hijo”. Para Nixon, esta sensación no se quedó en el miedo, sino que se convirtió en el impulso para actuar.
Cuando la inquietud se convierte en acción
Frente a ese pensamiento constante, quedarse inmóvil no era una opción. Fue entonces cuando decidió apostar por un emprendimiento poco común: la recicladora CWN – Clean World Nian ―Nian, por Nixon—. Allí no solo se reciben residuos aprovechables, sino que también se promueve la educación ambiental a través de charlas en colegios y universidades de su natal Ocaña. “En ese momento realmente nadie me prestaba atención porque todos estaban como ‘¿este man qué, qué va a venir a hacer acá?’ Pero yo quise intentarlo, porque es un municipio que no tiene nada de conciencia ambiental”.
A pesar de sus esfuerzos, Nixon sentía que podía hacer más. Así nació la idea de reutilizar botellas de vino para transformarlas en vasos. Cada pieza sería única, con diseños que rindieran homenaje a regiones del país o que se adaptaran a restaurantes específicos. “El modelo de negocio cambió, y migró a ser transformadores exclusivamente de vidrio, porque también vimos ese problema que había en los recicladores: ellos recogían vidrio y valía $50 el kilo. Nosotros llegamos cambiamos eso y les pagamos cada botella en $500, cosa que se les hacía más dignificante para su labor”.
Aunque el vidrio es un material 100 % reciclable, su gestión inadecuada y los procesos asociados a su producción generan impactos ambientales significativos. Según la AGC Glass Europe, el principal impacto ambiental de la industria del vidrio proviene de las emisiones atmosféricas generadas durante la etapa de fundición para su elaboración. Este proceso implica la combustión de gas natural y la descomposición de las materias primas que conforman el vidrio —como el dióxido de silicio, el óxido de aluminio y el carbonato de sodio—, lo que da lugar a la liberación de CO₂ a la atmósfera. En otras palabras, incluso los materiales reciclables pueden generar impactos si no se gestionan de forma responsable.

Aprender a construir desde lo que se tiene
¿Cómo lograría entrar en el negocio? Ahí empezó el verdadero reto. El ocañero tuvo que optar por pulir los vasos a mano, apoyándose de lijas convencionales. Y para cortar las botellas, debía ayudarse con velas. “Eso era terrible”, recuerda. Hasta que un día, una de sus tías le contó sobre el Tecnoparque, un programa de innovación tecnológica del SENA. “Yo me fui para allá corriendo y les expuse mi idea de que quería hacer vasos, que quería pulirlos, que los hacíamos a mano… a los ingenieros les pareció una locura”, menciona entre risas. Nixon no se rindió y cada 8 días iba al Tecnoparque a preguntar cómo iban sus máquinas. “Cuando finalmente las recibí, las agarré a besos literalmente, yo dije ‘estas van a ser mis nuevas bebé’”.
El ocañero admite que no son las máquinas más ergonómicas, pero que le han facilitado el trabajo. “Es un prototipo de unas máquinas que habíamos visto de Cerrando el Ciclo en México, y GreenGlass en Chile. Fuimos acomodando todo, y el prototipo del corte de las botellas lo hicimos con la resistencia que tienen las neveras y los hornos”. Menciona también que, a partir del programa Tecnoparque, CWN terminó teniendo una página web, donde los clientes pueden hacer sus compras con un par de clics.
Poco a poco el impulso de Nixon fue ajustando su enfoque, pero no fue fácil. “Yo durante 2 años no tenía ni para pagar los recibos del lugar donde almacenábamos los cartones, porque empezamos como recicladora”. Él reconoce que no fue fácil posicionar la marca, debido a que al principio, a la gente le costaba creer en la iniciativa. Sin embargo, con una convicción grandísima, Nixon comenta que cuando las cosas se hacen con amor y sin ningún interés de encajar, las cosas se van dando. “Si una persona quiere emprender y no tiene propósito, sea lo que sea que emprenda, si no tiene propósito, quédese haciendo lo que sea que esté haciendo, porque hay que hacerlo con amor” asegura.
Y como si se tratase de una predicción, el proyecto empezó a dar frutos. “Me falta mucho camino por recorrer, pero yo digo, ‘Yo soy exitoso porque tengo una marca que siempre quise tener y que ayuda al planeta’”. Siguió no solo con su negocio de transformar el vidrio, sino también con las charlas y conferencias educativas, pero pronto notó que el nombre CWN no conectaba con las personas, porque no lograban relacionarlo con su tipo de empresa. Fue en el 2025 cuando decidió que tenía que hacer un rebranding para conectar con más gente. En un rebranding se modifica la forma en que se percibe una empresa. En este caso, Nixon apostó por cambiar la imagen y el nombre del negocio. “La razón social sigue siendo CWN SAS, pero la marca ahora se llama Proglass. El logo de Proglass viene inclinado hacia arriba, que significa visión hacia el futuro sostenible, y el pro, que significa en pro al vidrio, que es básicamente lo que nosotros hacemos”.

Crecer también es aprender a soltar
Como buen emprendedor, su red de apoyo era limitada. Tanto, que hasta hace relativamente poco él era el único que trabajaba en Proglass. Su labor se extendía desde cortar y pulir los vasos, hasta recibir pedidos y despacharlos. Con el consejo de otros emprendedores, entendió que si quería que su empresa prosperara, debía aprender a delegar responsabilidades. “Me decían, “Si no aprendés a delegar, vas a ser esclavo de tu propio invento”. Y esa no era la idea, porque al final cuando yo me quiera dedicar, digamos, a hacer conferencias por el país, porque yo siento que voy a llegar a ese punto, entonces, ¿cómo voy a hacer con la producción? Eso era lo que yo pensaba. Empecé a delegar, y hoy en día ya te puedo decir que ese equipo está conformado por un hermano mío que es el duro de la máquina, del pulido, y otras tres personas que son primos, quienes se pusieron la 10 y me están ayudando, y eso a mí me hace enorgullecer porque son personas que necesitaban trabajar, y poderles dar esa oportunidad de de estar ahí, de apoyarme, eso ha sido maravilloso”.
Con una motivación inquebrantable, Nixon sigue trabajando día a día por sacar a Proglass adelante. Cuenta que han logrado transformar al menos 150.000 botellas, y que planea encontrar cómo darle un segundo uso al pico de las botellas, ya que esa es la parte que terminan desechando. “Queremos aprender a convertirlo en arena, en baldosas, en jarrones, en portavasos… o sea, hay demasiadas cosas por hacer, sino que yo siempre digo que uno tiene que perfeccionar un producto y luego sí lanzarse a crear el nuevo producto”.
Nixon actualmente vive en Cúcuta ya que allí tiene un trabajo adicional, pero nunca pierde de vista las oportunidades de crecimiento para su empresa. Menciona que considera una bendición haber tenido la oportunidad de empezar en Ocaña debido a que pudo encontrar un local en arriendo a un precio razonable, pero considera que su proyecto puede expandirse a la capital del Norte de Santander. “Estoy también haciendo pasitos para ver cómo hacemos para llegar acá ya con la producción y todo, pero no hay afán, vamos paso a paso”.
La historia de Nixon demuestra que emprender con propósito no solo transforma materiales, sino también la manera en que habitamos el mundo. Desde una inquietud personal hasta la creación de una empresa con impacto ambiental y social, Proglass es prueba de que las ideas pueden crecer cuando se combinan convicción, paciencia y acción. Porque, a veces, cambiar el futuro no empieza con grandes recursos, sino con la decisión de no mirar hacia otro lado y atreverse a hacer algo distinto con lo que otros ya han desechado.

Entrevistado: Nixon Fernando Guerrero
Cargo: Administrador de Seguridad y Salud en el Trabajo
Datos de contacto: proglass.vasos@gmail.com/300 4843253/www.proglasscol.com
Escrito por: María Paula Diaz Villareal
¡Hola! Para acceder a las actividades ALUNA debes iniciar sesión con el usuario y contraseña que fue proporcionado a tu institución. Por favor loguéate e inténtalo de nuevo.
